¿Cómo aprovechar mejor un vehículo eléctrico de trabajo?: 5 prácticas clave para optimizar su autonomía

 


Bogotá, Colombia. Abril 8 de 2026. Cada vez más emprendedores y pequeñas empresas en Colombia están apostando por vehículos eléctricos para sus operaciones. Sin embargo, su rendimiento no depende solo de la tecnología, sino de cómo se usan en la práctica y de cómo se integran a la operación diaria. Adoptar ciertos hábitos puede marcar la diferencia entre una jornada eficiente y una llena de interrupciones.

En el país, la movilidad eléctrica sigue ganando terreno, especialmente en sectores de logística, distribución y servicios. Pero más allá del ahorro en combustible o el impacto ambiental, muchos usuarios aún están aprendiendo cómo aprovechar realmente estos vehículos en su operación diaria, especialmente en condiciones reales de trabajo. Pensando en esto, Farizon, marca de movilidad eléctrica productiva respaldada por Geely Holding Group y Grupo Vardí en Colombia, enfocada en la eficiencia operativa de sus clientes, comparte cinco prácticas clave para mejorar la autonomía, optimizar el rendimiento y evitar imprevistos en el trabajo:

1. Cargar el vehículo también hace parte de la operación

Uno de los errores más comunes es ver la carga como una pausa obligada, cuando en realidad debería ser parte de la planificación diaria. Integrar la carga dentro de la operación, por ejemplo, durante la noche o en momentos estratégicos entre recorridos, permite evitar tiempos muertos y mantener la continuidad. Además, entender los tiempos de carga y los puntos disponibles en la ciudad ayuda a tomar mejores decisiones. Para muchos usuarios, anticiparse a este proceso puede significar cumplir o no con una entrega, y asegurar la continuidad de la operación durante la jornada.

2. El peso y la distribución de la carga son muy importantes

A diferencia de lo que muchos creen, la autonomía de un vehículo eléctrico no es un número fijo. Factores como el peso, el volumen y la forma en que se distribuye la carga tienen un impacto directo en el consumo energético. Una carga mal distribuida puede generar mayor esfuerzo del vehículo, aumentar el consumo de energía e incluso afectar la estabilidad. Por eso, organizar correctamente lo que se transporta no solo es un tema logístico, sino también una decisión clave para optimizar el rendimiento y evitar recargas innecesarias durante la jornada.

3. La forma de manejar sí impacta el rendimiento

Los vehículos eléctricos responden de manera distinta a los de combustión, por lo que adoptar una conducción más eficiente es fundamental. Aceleraciones bruscas, frenadas constantes o cambios de ritmo innecesarios pueden reducir considerablemente la autonomía. Por el contrario, una conducción suave, anticipándose al tráfico y aprovechando el frenado regenerativo, que permite recuperar energía, puede extender el uso del vehículo durante el día. En operaciones de carga, donde cada kilómetro cuenta, estos hábitos pueden representar una diferencia significativa en costos y eficiencia.


4. El cuidado de la batería comienza en el día a día

Aunque la batería es uno de los componentes más avanzados del vehículo, su durabilidad depende en gran medida de los hábitos del usuario. Mantener niveles de carga equilibrados, idealmente entre el 20% y el 80% en condiciones normales, y evitar exposiciones prolongadas a temperaturas extremas puede ayudar a conservar su rendimiento a largo plazo. Este tipo de prácticas no solo reduce el desgaste, sino que también evita pérdidas progresivas de autonomía, algo clave para quienes dependen del vehículo como herramienta principal de trabajo.

5. Planear rutas con criterio de eficiencia, no solo de distancia

Elegir la ruta más corta no siempre es la mejor decisión en términos energéticos. Factores como el tráfico, las subidas, el número de paradas y las condiciones de la vía pueden influir significativamente en el consumo. Por eso, cada vez más usuarios están incorporando variables como la fluidez del tráfico o el terreno al momento de planificar sus recorridos. Para quienes están migrando a la movilidad eléctrica o ya trabajan con este tipo de vehículos, la diferencia no está solo en la tecnología, sino en cómo se incorporan en la rutina diaria. Pequeños ajustes en la forma de usarlos pueden traducirse en más kilómetros por carga, menos interrupciones y una operación mucho más eficiente, con impacto directo en la rentabilidad.

“La autonomía no depende únicamente de la ficha técnica, sino de cómo se gestiona en la operación diaria. A diferencia de los vehículos tradicionales, su rendimiento está directamente ligado a factores como la carga, la conducción y la planificación de rutas, que son los que realmente determinan su eficiencia y su impacto en la productividad”, explica Felipe Negret, gerente de marca Farizon Colombia.

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